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Las frutas de Colombia son un placer y una riqueza inigualables

Enviado por Jaime el October 18, 2025
La variedad de pisos térmicos y la fertilidad de los suelos de Colombia solo podría tener como resultado una diversidad de frutas única.

Frutas de Colombia: un placer y una riqueza inigualables

La variedad de pisos térmicos y la fertilidad de los suelos de Colombia solo podría tener como resultado una diversidad de frutas única. En su libro ‘Deliciosas frutas tropicales’, Liliana Villegas nos habla de su historia, beneficios y mejores prácticas sobre su recolección y almacenamiento. Las frutas de Colombia nos dan cientos y cientos de motivos para amar y proteger cada día más a nuestro país. 

Y es que cada región de Colombia es un jardín de riqueza y biodiversidad. Desde las selvas húmedas del Amazonas hasta los valles interandinos, el país alberga una de las mayores diversidades de frutas del planeta: con más de 433 especies endémicas, se posiciona como el primero del mundo en diversidad de frutas por kilómetro cuadrado. 

Esta riqueza no solo es biológica, sino también cultural: las frutas están presentes en la vida diaria, en las celebraciones, en la medicina tradicional, en la memoria colectiva y hasta en las tácticas de conquista. 

Entre las frutas que solo se encuentran en el territorio colombiano se destacan el borojó (reconocido por sus propiedades afrodisíacas y energéticas), el chontaduro (rico en vitamina E), lulo (ácido y refrescante), la feijoa (dulce y aromática) y el marañón (fuente de fibra y grasas saludables). Ellas se unen a una muy extensa lista en la que también hay nombres tan conocidos como mango, papaya, piña, guayaba, maracuyá y banano… y otros menos familiares para el común de la gente, como caimito, piñuela, camajón, milpesos, yaca, cubarro y tucuragua.

Versátiles por naturaleza

Las frutas colombianas no solamente se podrían comer por meses sin repetir alguna, sino que se transforman en una gran variedad de preparaciones: jugos, postres, salsa, mermeladas, compotas… incluso forman parte de platos salados, a los que les agregan un poco de alegría y sabor. 

¿Sabes qué valores esenciales de los colombianos están representados en la variedad de frutas de nuestro país? 

  • Creatividad: en la cocina, donde cada fruta tiene múltiples usos.
  • Resiliencia: en comunidades que cultivan en condiciones difíciles.
  • Solidaridad: en la costumbre de compartir frutas en plazas y hogares.
  • Identidad: en cada fruta que cuenta una historia regional.

En Colombia, son símbolo de abundancia, de conexión con la tierra y de orgullo por lo propio. En cada mordisco hay biodiversidad, cultura y sabor.

Oreja de perro: ¡unas arepas tradicionales que van bien con todo!

Enviado por Jaime el October 16, 2025
Las arepas ‘oreja de perro’ son una tradición culinaria de Tolima y Huila, hechas con maíz blanco y arroz, y remojadas para que tengan la suavidad de las orejas del mejor amigo del hombre.

Oreja de perro: ¡unas arepas que van bien con todo!

Las arepas ‘oreja de perro’ son una tradición culinaria de Tolima y Huila, que tienen la forma y la suavidad de las orejas del mejor amigo del hombre. Sus bordes que se doblan como si fueran las orejas de un canino atento.

Estas arepas se preparan con maíz trillado, pero en algunas regiones y más recientemente, también se hacen con arroz. Con las manos húmedas, se forman discos delgados que originalmente se cocinaban sobre lajas calientes, y hoy, sobre parrillas metálicas. 

Las arepas oreja de perro tienen su origen en las comunidades ribereñas del río Magdalena, donde el maíz era el cultivo sagrado de los pueblos originarios. Con el paso del tiempo, se convirtieron en compañeras inseparables de platos típicos como la lechona tolimense, el asado huilense, la morcilla, el chorizo, los huevos y la carne. Son tan versátiles que se pueden disfrutar al desayuno, el almuerzo o la cena, o como acompañamiento en celebraciones populares.

Su sabor y textura se conservan intactos, como las tradiciones de la región donde nacieron, que es cuna de gente amable que demuestra su amor por el país honrando las costumbres de sus ancestros. Crujientes por fuera, suaves por dentro, las arepas oreja de perro tienen un toque dorado que recuerda los atardeceres sobre el Magdalena.

Como Colombia, son un plato con identidad, que trasciende las diferencias entre generaciones y une a las personas alrededor de su preparación, cuyos secretos se transmiten de madres a hijos, como un legado de amor y respeto por lo nuestro. 

¿Qué te hace sentir orgulloso de decir “Yo Soy Colombia"?

Enviado por Jaime el October 13, 2025
Paz, reconciliación, educación, historia y dignidad son algunas palabras que usa la magistrada Belkis Izquierdo al hablar de la Colombia grande que construimos todos juntos.

¿Qué te hace sentir orgulloso de decir “Yo Soy Colombia"?

Paz, reconciliación, educación, historia y dignidad son algunas palabras que usa la magistrada Belkis Izquierdo al hablar de la Colombia grande que construimos todos juntos. ¿Qué palabras agregas tú a este listado?  Las diferencias nos ayudan a construir un país más fuerte e incluyente. 

Ser colombiano es un orgullo y un privilegio

Enviado por Jaime el October 13, 2025
Desde el Eje Cafetero nos llega una invitación a volver a lo esencial: sabores que despiertan memorias, paisajes que inspiran gratitud y tradiciones que exaltan nuestra identidad.

Ser colombiano es un orgullo y un privilegio

Desde el Eje Cafetero nos llega una invitación a volver a lo esencial: sabores que despiertan memorias, paisajes que inspiran gratitud y tradiciones que exaltan nuestra identidad. ¿Estás listo para reconectarte con Colombia desde lo más auténtico, junto a Alejandra Sanint?

Quesillo tolimense: ¡Sabor que se deshilacha y deleita los sentidos!

Enviado por Jaime el October 12, 2025
El quesillo del Tolima es una receta tradicional que se prepara con leche y cuajo natural. El resultado se envuelve en hojas de plátano que conservan su frescura y ese sabor.

Quesillo tolimense:
¡Sabor que se deshilacha y deleita los sentidos!

El quesillo del Tolima o quesillo de hoja es una receta tradicional que se prepara con leche y cuajo natural. El resultado se envuelve en hojas de plátano que conservan su frescura y ese sabor ligeramente ácido que lo hace tan particular. ¡Ideal para comer solo, con bocadillo, arequipe o derretido en una taza de chocolate bien caliente! Una receta tradicional que nos llena de orgullo colombiano. 

Su origen se encuentra en el Tolima grande —región que abarca los departamentos de Tolima y Huila— donde se cuenta que nació por accidente y llegó a convertirse en parte de nuestra tradición. Dicen que Antonina Falla (habitante de Yaguará, Huila) intentaba preparar cuajada cuando la mezcla se derritió. Al notar que se estiraba como hilo, decidió conservar la técnica y así nació el quesillo como lo conocemos hoy. 

Su receta es sencilla, pero exige precisión: leche fresca y cuajo que se mezclan a temperaturas exactas y se baten hasta lograr una textura sedosa y elástica. Cuando está en su punto, se envuelve en hojas de plátano que se amarran con pita o cordel. El resultado: un quesillo que puede comerse solo o acompañado de bocadillo, arequipe, chocolate caliente o como tu imaginación y tu gusto te lo sugieran.

La hoja de plátano es parte del sabor, del aroma y del ritual. Su uso proviene de prácticas indígenas que reconocían en la hoja una herramienta natural para conservar, proteger y cocinar. La hoja –que además es biodegradable– también mantiene la humedad y permite que el producto respire sin perder su frescura. Además, es símbolo de conexión con la tierra, con lo orgánico, con lo que no necesita plástico ni artificios.

El quesillo tolimense tiene raíces profundas en municipios como Yaguará, Hobo y Espinal, donde se vende en plazas y hasta en los buses. En Yaguará se celebra el Festival del Quesillo, donde se exhiben las mejores muestras del producto y se prepara un quesillo gigante. 

Citurna

Enviado por Jaime el October 12, 2025
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El nombre tairona que nació en las nieves perpetuas de la sierra

 

Citurna:
el nombre tairona que nació en las nieves perpetuas de la sierra

Mucho antes de que la Sierra Nevada de Santa Marta fuera conocida con ese nombre, los pueblos que habitaban este territorio, en el norte de lo que hoy es Colombia, la llamaban “Citurna”, que significa “el País de las Nieves”, un reflejo de la admiración por la naturaleza y el respeto por la tierra. 

Pero las nieves perpetuas son solamente uno de los increíbles paisajes que nos regala este lugar maravilloso, que nace a orillas el Mar Caribe y se eleva 5.775 metros hasta la cima de los picos Colón y Bolívar, los más altos del país. En ese recorrido, los paisajes de la sierra cambian entre bosques de niebla, selvas y páramos que enriquecen su biodiversidad. Por eso se dice que en la Sierra Nevada, la montaña más alta del mundo a la orilla del mar, se resumen los climas del planeta.

Al tener todos los pisos térmicos, desde las cálidas playas hasta los gélidos glaciares, nuestra Citurna tiene los paisajes ideales para que se desarrollen y convivan en armonía miles de especies de flora y fauna, algunas de ellas únicas en el planeta. En ella también nacen más de 30 ríos que dan sustento a las comunidades que habitan los departamentos del norte del país. Entre esos ríos se encuentran el Guatapurí, el Don Diego, el Palomino y el Cesar.

Y también viven en ella los herederos de esa cultura que llamaba Citurna a la Sierra Nevada de Santa Marta: koguis y arhuacos son orgullosos descendientes de los taironas, que hoy conservan tradiciones, lenguas, rituales y formas de vida con los que se honra a la naturaleza y nuestra convivencia con ella. 

Este respeto por la Madre Tierra es una filosofía ancestral que nos enseña el valor de los seres vivos y nos recuerda la conexión que existe entre todos ellos: el agua, el aire, los animales, las plantas, las personas de culturas diferentes y los espíritus. También nos dice que no dominamos la tierra ni somos sus dueños, sino que nos relacionamos con ella desde un respeto profundo, que nos ayuda a mantener el equilibrio, la convivencia y la hermandad.

Este legado se extiende desde las cumbres de Citurna a las diferentes regiones del país, donde los colombianos valoramos profundamente la convivencia, el respeto por nuestros semejantes y por la naturaleza como pilares de una sociedad equitativa y democrática. 

Como colombianos, tenemos el deber de proteger este santuario. No solo por su belleza y biodiversidad, sino porque en él habita una parte esencial de nuestra historia, de nuestra democracia y de nuestro futuro. Citurna nos inspira a mantener un país justo, sostenible y conectado con sus raíces.

Honda

Enviado por Jaime el October 12, 2025
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Donde la historia vive en cada rincón

 

Honda:
donde la historia vive en cada rincón

Honda es la ciudad más antigua del Tolima. Avistada por primera vez en 1539, es una joya colonial de Colombia. Con sus más de 40 puentes, calles empedradas y un legado fluvial, es un destino que conecta pasado y presente, y que ha sido testigo de siglos de historia. 

La ciudad está a orillas del imponente río Magdalena y su apelativo se debe precisamente a la cantidad de estructuras que cruzan esta arteria fluvial, así como los ríos Gualí, Guarinó y la Quebrada Seca. Entre ellos se destaca el Puente Navarro, construido en 1899, considerado el puente metálico más antiguo en funcionamiento en Latinoamérica. Estas obras no solo conectan barrios y caminos, sino que simbolizan la unión entre pasado y presente, entre tradición y modernidad.

Durante el siglo XIX y principios del XX, Honda fue un punto estratégico para el comercio entre la costa Caribe y el interior del país. El río Magdalena convirtió a esta ciudad en un epicentro de intercambio de bienes, ideas y culturas. Hoy, el Museo del Río Magdalena rinde homenaje a esa historia, con exposiciones que narran la vida del río y su influencia en la identidad colombiana.

Pero Honda no solo es historia colonial. En el sector de Perico se han hallado vestigios arqueológicos como arte rupestre en abrigos rocosos, evidencia de que esta tierra fue habitada por los ondaimas y gualíes, pueblos que practicaban el chamanismo y establecieron redes de intercambio con comunidades de las cordilleras, haciendo de Honda una escala obligada mucho antes de la llegada de los españoles.

El casco histórico de la ciudad es un testimonio vivo de la arquitectura y el urbanismo de siglos pasados. La Plaza de Mercado, de estilo neoclásico, sigue siendo un punto de encuentro donde se celebra la vida cotidiana, la gastronomía local y la amabilidad de su gente.

Honda también es conocida por su “subienda”, un fenómeno natural que ocurre cuando los peces migran desde las ciénagas del norte hacia el río Magdalena. 

Más allá de sus monumentos y paisajes, Honda es ejemplo de resiliencia y paz. Su gente, cálida y hospitalaria, conserva valores que son reflejo de lo mejor de Colombia: respeto por la historia, amor por la tierra y orgullo por sus raíces.

Honda nos recuerda que la memoria es un puente hacia el futuro. Que cuidar nuestras tradiciones, nuestros ríos, nuestras culturas, es también cuidar lo que somos. Porque en cada piedra de sus calles, en cada sonrisa de sus habitantes, en cada relato del Magdalena, vive el alma de Colombia.

Teyuna, la Ciudad Perdida

Enviado por Jaime el October 12, 2025
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Un legado ancestral en el corazón de Colombia

Teyuna, la Ciudad Perdida:
Un legado ancestral en el corazón de Colombia

Teyuna, la Ciudad Perdida en la Sierra Nevada de Santa Marta, es un legado de la antigua civilización Tayrona, de la que fue centro político, económico, religioso y espiritual, con un profundo respeto por la naturaleza y una visión avanzada de la sostenibilidad.

Ubicada en la zona norte de la Sierra Nevada, a orillas del río Buritaca, Teyuna se encuentra entre los 900 y 1,300 metros de altura. Sus terrazas y muros de contención  demuestran el conocimiento arquitectónico y cultural de los Tayronas. Pero Teyuna también es un testimonio vivo de la espiritualidad de este pueblo, para el que la montaña no era solo un hogar, sino un ser vivo al que había que respetar y proteger.

Durante siglos, Teyuna permaneció oculta bajo la selva, protegida por el manto natural que cubría sus secretos. Fue el abandono forzado, causado por la presión de los colonizadores europeos, lo que silenció este lugar, que había sido un eje político, económico y espiritual. Sin embargo, para las comunidades indígenas de la Sierra Nevada, como los Koguis, Arhuacos, Wiwas y Kankuamos, la conexión con Teyuna nunca se perdió. Para ellos, este lugar sigue siendo sagrado, un recordatorio de la necesidad de vivir en equilibrio con el mundo.

Hoy, Teyuna es un símbolo de pujanza, de la riqueza cultural de Colombia y del legado ancestral que trasciende generaciones. Caminar por sus senderos, entre sus terrazas y muros, no solo invita a imaginar la vida de quienes la habitaron, sino también a reflexionar sobre la importancia de preservar nuestra historia y nuestro entorno.

La Ciudad Perdida no es solo un lugar; es un mensaje atemporal que nos recuerda que la verdadera grandeza no está en lo que conquistamos, sino en lo que aprendemos a cuidar. Teyuna pertenece a todos los colombianos, no como un vestigio del pasado, sino como una lección viva sobre lo que somos y lo que podemos llegar a ser.

 

Serranía de Chiribiquete

Enviado por Jaime el October 12, 2025
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Patrimonio de la Humanidad, tesoro de Colombia


Chiribiquete:

Patrimonio de la Humanidad, tesoro de Colombia

En el corazón de la selva colombiana, entre los departamentos de Guaviare y Caquetá, se levanta el Parque Natural Nacional Serranía de Chiribiquete, un tesoro que combina la grandeza de la naturaleza con el legado de las civilizaciones más antiguas de América. 

El paisaje de Chiribiquete está dominado por los tepuyes, formaciones rocosas que se elevan como fortalezas naturales sobre un océano verde de selva tropical. Estas estructuras imponentes, algunas de las más antiguas del planeta, son el corazón espiritual del parque. Para las comunidades indígenas, los tepuyes son lugares sagrados, moradas de espíritus y guardianes de la vida. 

Su silencio majestuoso contrasta con la vibrante actividad de la selva que los rodea, donde miles de especies de flora y fauna prosperan en una danza interminable de biodiversidad. Entre estas especies, muchas de ellas endémicas y únicas en el mundo, se encuentran 300 de aves, 313 de mariposas, 48 de murciélagos y 60 de peces.

Chiribiquete también es un lugar donde la historia humana se entrelaza con la naturaleza. En sus paredes rocosas se encuentran más de 75.000 pinturas rupestres que datan de hace alrededor de 20.000 años, el registro pictórico más extenso y antiguo de América. Estas representaciones visuales muestran escenas de caza, ceremonias y danzas que revelan no solo la vida cotidiana de las primeras comunidades humanas, sino también su profundo vínculo con el entorno.

El jaguar, figura central en muchas de estas pinturas, simboliza poder, equilibrio y conexión espiritual. No es casualidad que la Unesco haya denominado a Chiribiquete la “Maloca del Jaguar”. Este animal emblemático, considerado el señor de la selva, es un recordatorio de la sabiduría ancestral que impregna este lugar. 

Esta majestuosa obra de la naturaleza fue declarada Patrimonio Cultural y Biológico de la Humanidad por la Unesco en 2018. Es el territorio natural protegido más extenso del país, con una extensión de más de 265.000 hectáreas. 

Ballenas Jorobadas

Enviado por Jaime el October 12, 2025
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Un espectáculo de vida en el Pacífico colombiano

Ballenas Jorobadas:
un Espectáculo de Vida en el Pacífico Colombiano

Las ballenas jorobadas recorren más de 8,500 kilómetros desde la Antártida hasta el Pacífico colombiano para continuar su ciclo de vida. Este viaje nos recuerda la fuerza de volver a lo esencial y cuidar nuestro hogar. Así como estas ballenas regresan a Colombia, los ciudadanos también tenemos la oportunidad de contribuir en la construcción de un país más fuerte y unido.

Este viaje cargado de esfuerzo y resiliencia maravilla a los científicos y turistas que presencian su llegada. Durante dos meses, Colombia –uno de los países más biodiversos del mundo– se convierte entre junio y noviembre en el hogar temporal de estas gigantes del océano. Bahía Málaga, Nuquí y otros rincones del Pacífico se transforman en escenarios únicos donde los saltos y cantos de las ballenas llenan de vida las aguas.

Este espectáculo natural es motivo de orgullo para la región, pero también un llamado de atención sobre la importancia de conservar los ecosistemas que permiten la supervivencia de las especies.

A pesar de su majestuosidad, las ballenas enfrentan serias amenazas. Contaminación, pesca incidental y los efectos del cambio climático son solo algunos de los retos que ponen en peligro su ciclo de vida. Sin embargo, su instinto de volver a aguas colombianas año tras año nos recuerda que, incluso en medio de la adversidad, regresar a lo esencial —a un lugar seguro— es clave para sobrevivir. Este mensaje no solo aplica a la naturaleza, sino también a nuestra forma de vivir como sociedad.

Las comunidades del Pacífico, guardianas de estos mares, juegan un papel fundamental en esta historia. A través de iniciativas de turismo sostenible, educación ambiental y conservación, han encontrado maneras de proteger a las ballenas mientras fortalecen su propio desarrollo. En sus manos no solo está el cuidado de estos gigantes marinos, sino también la preservación de las tradiciones y la identidad cultural que hacen de Colombia un país único.

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